El Titanic sueco: la tragedia del barco gigante que se fue al fondo del mar en su viaje inaugural

En el mismo interrogatorio en el que negó estar borracho, el capitán afirmó que la causa del hundimiento fue una pequeña racha de viento, esto es, la nave era demasiado inestable y nunca debió salir del puerto. Un soplido; y adiós al sueño de Gustavo Adolfo II
Estado actual de el buque hundido en el siglo XVII
Estado actual de el buque hundido en el siglo XVII

El domingo 10 de agosto de 1628 amaneció con buen tiempo en las aguas cercanas a Estocolmo. El viento era débil y el cielo claro, de modo que muchos curiosos acudieron al puerto de Blasieholmen, junto al Palacio Real, a ver cómo el Vasa realizaba su primera travesía. Tras recorrer a remolque los primeros cien metros, el capitán del Vasa, Söfring Hansson, dio la orden al fin de «¡Largar trinquete, velacho, gavia y cangreja!». Varios marineros escalaron la arboladura y largaron cuatro de las diez velas, mientras los cañones dispararon una salva de saludo. La feliz señal de que comenzaba el primer viaje del Vasa; la triste señal de que comenzaba el último viaje del Vasa. El galeón de dimensiones homéricas y con un centenar de tripulantes, incluidos mujeres y niños, recorrió solo 1.300 metros. Luego, se hundió.

 

 

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El Vasa pretendía convertirse en el principal buque de la Corona sueca, cuya irrupción en la Guerra de los 30 años había asombrado a todos. Respaldado por una profunda reforma militar, el Rey Gustavo Adolfo II mostró a Europa las virtudes de su caballería y, al calor de las victorias en Alemania, soñó con extender su fuerza también al mar con la creación de una armada de gran calado.

El Vasa, de 64 cañones y centenares de esculturas adornando su popa y su proa, representaba la pretensión del Rey como ningún otro bajel. El nombre del barco hacía referencia a un haz (en sueco «vase»), el símbolo de la dinastía reinante. La nave comenzó a construirse en enero de 1626 y se necesitó talar mil robles para que, dos años después, estuviera lista para entrar en combate.

Estado actual de el buque hundido en el siglo XVII
Estado actual de el buque hundido en el siglo XVII

A la salida de la bahía, junto a Tegelviken, la primera señal de que algo iba mal se percibió cuando el Vasa comenzó a escorar mucho a sotavento. Tras enderezarse parcialmente, frente a Beckholmen cayó de lado y el agua empezó a entrar por las troneras. En cuestión de minutos el barco se hundió con las velas desplegadas y las banderas, así como las esculturas vivamente pintadas.

El almirante Erik Jönsson describió cómo entró en avalancha el agua en pocos segundos y el mismo «quedó tan lleno de agua y tan contusionado por las escotillas» que escapó con vida por muy poco. El almirante sueco pasó varios días moribundo debido a las heridas, pero fue un afortunado en comparación con el medio centenar de personas que murieron en el interior del Vasa.

Reproducciones a color de las esculturas que adornaban el barco sueco
Reproducciones a color de las esculturas que adornaban el barco sueco

Toda una flotilla de barcos llegó al momento junto al barco siniestrado a recoger a los tripulantes supervivientes y a tratar de salvar el buque. Pero nada se pudo hacer. Paradójicamente, en menos de un mes Suecia perdió otros dos barcos de importancia, cada uno por razones distintas. El buque insignia del almirante Klas Fleming, Kristina, chocó con otro buque sueco y se fue a la deriva durante un temporal en la bahía de Dantzig. Suerte idéntica a la del buque Riksnyckeln, que encalló y se hundió en la zona sur del archipiélago de Estocolmo.

Cuando Gustavo Adolfo II, que moriría tres años después en el campo de batalla, fue informado del desastre afirmó que solo podía deberse a «la falta de juicio e imprudencia» de los responsables de la contrucción. Inmediatamente después del hundimiento fue encarcelado Söfring Hansson, danés de nacimiento, para ser interrogado y responder a las acusaciones de que los miembros de la tripulación estaban borrachos y los cañones no estaban bien trincados. Según las actas conservadas, Hansson se defendió como gato panzarriba de las acusaciones:

–Que me partan en mil pedazos si no estaban trincados todos los cañones. Y juro por Dios Todopoderoso que nadie a bordo estaba borracho.

¿Qué hundió entonces al Vasa?

En el mismo interrogatorio en el que negó estar borracho, el capitán afirmó que la causa del hundimiento fue una pequeña racha de viento, esto es, la nave era demasiado inestable y nunca debió salir de puerto. La obra viva era demasiado pequeña respecto al casco, que no soportó tanto peso, aseguraron los tripulantes. De hecho, contaron que en la prueba de estabilidad antes de salir de puerto treinta hombres habían ido corriendo de lado a lado, pero a la tercera carrera decidieron desistir para evitar que zozobrara en el propio muelle.

Con la pelota en el tejado de los constructores, los interrogatorios se trasladaron a los astilleros de Skeppsgarden. El maestro de construcción naval y el arrendatario se libraron bajo juramento, así como el diseñador que había muerto el año anterior, argumentando que todos los planos habían sido aprobados en persona por el Rey. Nadie fue hallado culpable del hundimiento y solo hoy se puede dar una causa aproximada.

Uno de los autores que más ha investigado sobre el tema, Erling Matz, considera que el Vasa era tan robusto como cualquier barco del periodo y tan inestable como cualquier buque con muchos cañones en aquel periodo. No es que estuviera mal construido o tuviera materiales defectuosos, solo estaba mal diseñado. Sin cálculos matemáticos precisos de estabilidad, se terminó construyendo un barco incompatible en su tamaño con un número tan alto de cañones pesados. Un sencillo golpe de viento echó al traste lo que era un diseño experimental.

Gustavo II Adolfo vestido a la usanza polaca
Gustavo II Adolfo vestido a la usanza polaca

Dado que el responsable de un diseño tan innovador fue el propio Rey, que obligó a añadirle un puente más y otra doble fila de cañones para aumentar su capacidad de fuego, no resulta complicado entender por qué se desistió de buscar culpables. La ambición desmedida de Gustavo Adolfo pudo ver en el hundimiento del Vasa la primera señal de que su magnífica aventura militar se aproximaba a su fin y que el imperio universal sueco no podía ser.

Ya en el siglo XVII se intentó sacar del fondo del mar al Vasa, si bien pronto se descubrió que pesaba más de lo que podían soportar la tecnología de la época. Los anchos y las anclas resultaron inútiles… Fue necesario que el alemán Andreas Peckell se ofreciera a sacar los cañones con una herramienta llamada campana de buzo cuando habían pasado varias décadas desde el hundimiento. La campana, que formaba una bolsa de aire para respirar bajo el agua cerca de 30 minutos, permitió al equipo rescatar más de 50 cañones entre 1664 y 1665.

El rescate del Vasa

Sin más valor práctico, el pecio permaneció en el fondo del mar olvidado por más de 300 años. Todo ello hasta que el ingeniero Anders Franzén, de 38 años, dio con él en 1956. Este experto en guerras navales suecas se pasó varios años buscando el buque y pescando con dragas y sondas de fabricación casera, sobre todo, sartenes oxidadas y gatos muertos del fondo del mar. Al fin, el 25 de agosto de 1956 pescó un trozo de roble ennegrecido que, tras una inmersión, confirmó la ubicación del Vasa.

Tras desecharse distintas propuestas para sacarlo a flote, entre ellas la de llenar la bodega de pelotas de ping pong o congelarlo primero, los arqueólogos se decantaron por una operación convencional y muy laboriosa (tardaron seis años) aplicando gruesos cables bajo el casco para arrastrar los restos a una zona menos profunda.

Pocos creían que el barco fuera aguantar de una pieza las labores de rescate. Pero lo hizo. Una vez calafateado, reforzado el casco y taponados miles de huecos con pequeños tacos, se logró sacarlo a flote el 14 de abril de 1961 ante la prensa y televisión de medio mundo.

Momento en que se sacó a flote en 1961 el barco tras siglos hundido
Momento en que se sacó a flote en 1961 el barco tras siglos hundido

Los restos del Vasa recibieron inmediatamente un tratamiento especialpara evitar que la madera empezara a agrietarse y encogerse con el aire caliente y seco de la superficie, si es que hay de eso en Estocolmo. El uso de líquidos especiales permitió montar pieza por pieza el barco y que todavía hoy se conserve –en un museo en Estocolmo que lleva el nombre del barco– como si nunca se hubiera hundido. No en vano, su buen estado de conservación se debió tanto a la baja salinidad del agua como a que quedó hundido en el fango, en una zona de muy bajas temperaturas. Aparte, las aguas bálticas no cuentan con un molusco bivalvo llamado Teredo navalis que en otros mares destroza la madera. Todos estos factores convierten al Vasa en el barco mejor conservado de todos los que se pueden hoy visitar.

El único recuerdo de que el barco permaneció siglos hundidos está en la carencia total de colores. Y es que el Vasa fue concebido como un navío pintoresco y llamativo de esculturas pintadas de color rojo, verde, amarillo y violeta. Las investigaciones modernas han permitido averiguar el color que ocupaba cada rincón de las esculturas a través de fragmentos microscópicos de la pintura empleada originalmente.

Fuente ABC

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