Sofía Paleóloga, la mujer que trató de reproducir en Rusia el esplendor de la corte bizantina

Reconstrucción facial de Sofía Paleóloga, hecha con técnicas forenses por Serguei Nikitin/Foto: Serguei Nikitin en Wikimedia Commons

El 12 de noviembre de 1472 Moscú se vistió de gala para celebrar los esponsales entre Iván III, Gran Príncipe de Toda Rusia, y Sofía Paleóloga, sobrina de Constantino XI, el último emperador bizantino, en una ceremonia nupcial que tuvo lugar en la Catedral de la Dormición del Kremlin. Sofía, a la que se había casado con Iván esperando una reunificación de las iglesias ortodoxa y católica, influyó poderosamente en su marido en las tareas de gobierno e intentó recrear en su nueva corte el esplendor de la de Bizancio, algo que le enajenó la simpatía popular.

 

 

Pero se puede deducir que era su forma de compensar lo perdido, ya que era hija de Tomás Paleólogo, déspota de Morea y hermano del citado Constantino, a quien había sucedido en un trono ya inexistente desde que en 1453 Constantinopla fue conquistada por el sultán Mehmet II. Cuando siete años más tarde también cayó Morea -y con ella todo el Peloponeso-, Zoe, como se llamaba originalmente, tuvo que escapar a Corfú con sus padres y sus dos hermanos, Andreas y Manuel; la mayor, Helena, se había casado previamente con Lazar Branković, el déspota de Serbia.

Tomás Paleólogo en un fresco de Pinturiccio/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Allí permanecieron hasta 1465, todos (Helena se les unió cuando se quedó viuda y los otomanos invadieron el país) excepto el padre, que acudió a Roma prácticamente para morir esa primavera. Dado que la madre, Caterina Zaccaria de Acaya, también había fallecido tres años antes, los huérfanos fueron adoptados por el papa Sixto IV, confiándose su educación al cardenal griego Basilio Bessarion, un sabio de su tiempo que dirigió a todo un equipo de maestros.

La vida de los cuatro hermanos tomó direcciones dispares. Helena se marchó a la isla de Leukas, abrazó la fe católica e ingresó en un convento. Andreas, el heredero, terminó vendiendo sus derechos a varios reyes, pese a lo cual moriría en la pobreza. Manuel volvió a Constantinopla, se convirtió al Islam y fue fiel al sultán sirviendo en su armada. A Zoe, que había sido rebautizada como Sofía, se le empezó a buscar un marido por las cortes europeas.

El papa Sixto IV/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La primera candidatura, de Jaime II de Chipre a iniciativa de Venecia, quedó en nada cuando él mismo se negó a aceptarla. Se pensó entonces que sería más fácil con una personalidad italiana y se negoció con el príncipe Caracciolo, pero tampoco se concretó. Fueron las circunstancias las que solucionaron el asunto: en 1467 apareció muerta -presuntamente envenenada- la esposa de Iván III, Maria Borisovna de Tver, y el nuevo papa, Pablo II, propuso al Gran Príncipe un matrimonio con Sofía Paleóloga.

Ambas partes tenían intereses en ello. La Santa Sede porque había educado a Sofía en el catolicismo y confiaba en favorecer así una reconciliación de su Iglesia con la Ortodoxa, para entonces separadas ya oficialmente desde el Concilio de Basilea celebrado entre 1431 y 1445; por su parte, Iván III pensaba que su nueva esposa podía ser la puerta para hacerse con Constantinopla de forma legítima. El cardenal Bessarion en persona se trasladó a Moscú en 1469 para negociar el enlace, encontrado una opinión favorable en general; algo parecido pudo decir Iván Fryazin, el embajador ruso enviado a Roma. Aún así, tardaron tres años en alcanzar un acuerdo.

Iván Fryazin muestra el retrato de Sofía Paleóloga a Iván III (Viktor Muizhel)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Un primer casamiento por poderes se llevó a cabo en la Basílica de San Pedro el 1 de junio de 1472. Semanas después Sofía viajó a Rusia en un largo itinerario que la llevó a atravesar Europa de sur a norte hasta Lübeck, donde se embarcó por el Báltico hasta Reval, actual Tallín, para continuar hasta Moscú vía Dorpat (Tartu), Pskov y Novgorod. Entró en la capital el 12 de noviembre, según se dice llevando como dote una gran cantidad de libros que más tarde constituirían el germen de la famosa biblioteca de Iván el Terrible, su nieto.

La ceremonia, ante las más altas autoridades eclesiásticas, se ofició en la citada Catedral de la Dormición (Ascensión) sin necesidad de que la novia permaneciera previamente aislada en un gineceo, como era costumbre en Rusia. De manera que ya desde el principio hubo novedades y más que vendrían, empezando por el hecho de que Sofía retomara la fe ortodoxa con que la criaron sus padres, probablemente para estupor del Papa y de su enviado, al que no se permitió el acceso a la ciudad.

Catedral de la Dormición o Ascensión/Foto: Дмитрий Cкляренко en Wikimedia Commons

La influencia que ejerció la nueva Gran Princesa sobre su marido no tardó en quedar patente y se cree que fue ella quien le convenció en 1480 para que el Gran Principado de Moscú -Rusia aún no era un país unificado- dejara de ser tributario de los mongoles; tenía esa condición desde que éstos invadieron la Rus de Kiev (un estado resultante de la federación de tribus eslavas) en el primer cuarto del siglo XIII, en una época en la que Moscú sólo era un pueblo del Principado de Vladimir-Súzdal (que después sustituiría a la Rus como potencia dominante). La decisión tomada desencadenó la guerra y puso a la capital en riesgo de ser atacada.

También se apunta en el debe de Sofía la introducción de cambios en la etiqueta de la corte, haciendo que ésta se volviera mucho más ceremoniosa, al estilo bizantino; algo que no desagradó en absoluto a Iván, que aspiraba a que Moscú tomara el relevo de Roma y Constantinopla en un concepto muy difundido entonces que se enunciaba como la Tercera Roma. Al fin y al cabo, empezaba a verse como un monarca importante pues fue él quien, a través de herencias, anexiones y conquistas, triplicó sus posesiones unificando a todos los rus, la República de Novgorod, el Gran Ducado de Tver y el Principado de Riazán.

Iván III rompiendo relaciones con el khan mongol (Aleksey D. Kivshenko)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ahora bien, el principal interés de ese período estuvo relacionado, como suele pasar, con la descendencia. Maria Borisovna de Tver había dejado un hijo, Iván el Joven, pero Sofía tuvo once y se presentó el problema de la sucesión entre el primogénito de ésta, Vasili, e Iván. Se formaron dos partidos opuestos, cada uno apoyando a su candidato; aunque la presión de su mujer hizo que Iván III se decantase por Vasili, antes asoció al otro al trono para gobernar juntos desde 1477.

La cosa se enmarañó más al contraer matrimonio Iván el Joven con Ilincu, hija de Esteban III el Grande, Príncipe de Moldavia, y también ella empezar a intrigar cuando dio a luz a su primer vástago, Dimitri, en 1483. Iván III nombró a su hijo Gran Príncipe de Tver, incrementando su poder y debilitando al partido de Sofía, que planeó el enlace de su sobrina María con el príncipe Vasili; no su hijo, claro, sino otro que era heredero de Verey-Belozersky. Pero cometió la imprudencia de regalarle a ella varias joyas pertenecientes a la difunta Maria Borisovna, algo que aprovechó Iván el Joven para ponerla en evidencia reclamándolas para su esposa. Vasili y María se negaron a devolver las alhajas y tuvieron que huir a Lituania y para arreglarlo el padre de él desheredó a su hijo.

La expansión moscovita entre 1390 y 1525 (de más oscuro a más claro)/Imagen: David Liuzzo

La posición de Sofía parecía inestable pero la naturaleza actuó en su favor. Iván el Jovenpadecía de gota y murió el 7 de marzo de 1490 sin que el médico contratado por ella para curarlo pudiera hacer nada. El infortunado galeno acabó ejecutado y la Gran Princesa pasó a ser víctima de todo tipo de rumores que la acusaban de haber matado al rival de su hijo para el trono; la Bruja griega, la apodaban. Es imposible saber si era verdad pero siete años después se probó su implicación en un complot para acabar también con el hijo de él, Dimitri. En la trama figuraba asimismo Vasili, así que la madre y su vástago fueron desterrados.

Vasili, que gobernó como Basilio III/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Dimitri heredó la corona en 1498 y, como medida de gracia, permitió volver a los castigados al año siguiente. No obstante, algo grave ocurrió en 1502 porque Iván III dio un vuelco a todo, deponiendo a Dimitri y encarcelándolo junto a su madre Ilincu -morirían en prisión- para coronar como Gran Príncipe a Vasili. Quizá tuviera que ver con un intento de reforma de la Iglesia Ortodoxa que habrían abanderado pero la cosa nunca ha quedado clara.

El caso es que Vasili ocupó el trono y reinó como Basilio III; fue padre del futuro Iván el Terrible, el primer mandatario ruso que asumiría el título de Zar. Así, antes de fallecer el 7 de abril de 1503, Sofía debió quedar henchida de satisfacción al salirse con la suya.

Fuentes: Russian path dependence. A people with a troubled history (Stefan Hedlund)/Retrato de Sofía Paleóloga (Serguei Nikitin en Rkj.ru)/Sofía Paleóloga, una princesa griega en el trono ruso (Tatiana Panova en Ellada-Russia)/Ivan the Terrible(Isabel de Madariaga)/A concise history of Russia (Paul Bushkovitch)/Wikipedia/LBV

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