Curro Jiménez, la mentira histórica del bandolero que asoló España con asesinatos y saqueos

Ni fue un héroe, ni un buen hombre. Su nombre real era Andrés López y fue atrapado por las autoridades después de perpetrar todo tipo de tropelías contra la sociedad

Imagen arquetípica del bandolero andaluzImagen arquetípica del bandolero andaluz

 

Largometrajes inolvidables como «Salvar al soldado Ryan» han demostrado ser una herramienta básica a la hora de anclar un hecho histórico a la mente del público. Gracias a ellos es posible acercar a la sociedad eventos como el Desembarco de Normandía y hacer que su importancia no se diluya con el paso de las décadas. La teoría es impecable. Sin embargo, la gran y la pequeña pantalla son también un arma de doble filo ya que, si se equivocan en algo tan básico como la documentación, ayudan a perpetuar falsos mitos y logran distorsionar el pasado. Y eso es lo que ha sucedido precisamente por estas tierras con Curro Jiménez, un bandolero al que la novela y la televisión rodearon de un aura de romanticismo pero que, en realidad, no era más que un cuatrero que se dedicó a robar y asesinar hasta que fue atrapado por las autoridades.

 

 

 

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El Curro Jiménez de leyenda, ese bandido castizo preocupado por el bienestar de sus paisanos, poco tiene que ver con la historia palpable en los libros. Por el contrario, tras este héroe romántico se encuentra Andrés López Muñoz, un barquero resentido de Cantillana (Sevilla) que, tras cometer un asesinato y huir de las autoridades, se tiró al monte para darse al poco noble arte del latrocinio y del secuestro.

La prensa de la época así lo dejó patente en sus artículos. Algunos, tan claros como el publicado por «El observador» el 23 de octubre de 1840: «El célebre Andrés López (alias El Barquero) […], desertor de presidio, y de una conducta corrompida desde que lo es, trae a contribución a todas las personas de algún tener de los pueblos de este partido, especialmente del de su naturaleza, donde ha exigido a varios, en distintas sumas, hasta […] unos mil duros».

En el caso de Curro Jiménez, la famosa serie de televisión de la Transición española no es la única culpable de forjar este personaje de novela. Dicha responsabilidad hay que buscarla mucho más atrás. O al menos, así lo afirmó Antonio García Benítez (antropólogo y catedrático de Historia) en una entrevista exclusiva concedida en 1988 a ABC: «La literatura de “pliegues de cordel” y las novelas -por entregas- del siglo XIX han infligido un golpe mortal a los relatos de contenido histórico, cambiando en su redacción los detalles de los mismos, especialmente los del marco, es decir, los personajes, onomásticas, toponimas y los límites temporales del relato». Algo nada extraño en España, donde el aplauso del «pícaro ladrón» terminó llevando al altar a asesinos y ladrones como los bandoleros.

Fantasía contra realidad

A pesar de que existen testimonios de bandolerismo ya en la época clásica, fue después de la Guerra de la Independencia cuando cambió la concepción de estos criminales para la sociedad. Así lo atestiguan José Antonio Adell y Celedonio García en su obra «Bandoleros: Historias y leyendas románticas españolas». En la misma, los autores especifican que fue entonces cuando la población que vivía en los pueblos empezó a asociar al bandido con el guerrillero que, harto de la inactividad inicial del gobierno ante la invasión gala, cogía su mosquete o su trabuco y se arrojaba al monte para enfrentarse a los hombres de Napoleón.

Por eso, entre otras tantas cosas, se ha instaurado a día de hoy la idea errónea de que personajes como el verdadero Curro Jiménez(posterior a la lucha) lucharon contra el «Pequeño corso». Nada más lejos de la realidad.

Por si fuera poco, tampoco ayudaron a romper este mito romántico aquellos que llegaban de otros países. «Los viajeros extranjeros por España contribuyeron a difundir en Europa la fama de los bandoleros españoles, presentando a los de Sierra Morena con carácter duro, personalidad seductora y distinguidos por su forma de vestir. […] A lo largo del siglo XIX circularon por nuestro país diferentes testimonios que daban a conocer a las gentes las hazañas de los más afamados: folletines o novelas por entregas publicados por la prensa narrando la vida y las hazañas de los más famosos», explican los expertos.

En palabras de estos autores, así nació el bandolero romántico, ese delincuente que se enfrentaba al «Estado opresor» para gloria del pueblo llano.

Bandolero rondeño, cabalgando
Bandolero rondeño, cabalgando

¿Qué hay de verdad en esta imagen del bandolero? Según explicaba Lorenzo Silvia (autor de «Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil (Edaf, 2017)» a ABC el pasado febrero, nada. «El romanticismo del bandolero es una elaboración posterior. Se forjó después por personas que no padecieron este sufrimiento. Piensa en el tipo que vivía en su momento en una comarca sometida al bandolerismo. De romántico no tenía nada. No podía salir de noche porque le podían robar y asesinar, no podía dejar a su mujer sola en su casa (si estaba aislada) por si entraba alguien…», determina.

El escritor es también partidario de que los bandoleros se correspondían más con malhechores aprovechados, que con héroes locales: «La española era una sociedad que acababa de salir de una invasión exterior. No es de extrañar que el medio de vida consistente en saltarse las leyes y apoderarse de todo lo de los demás fuera atractivo para muchos. Además, algunos eran soldados que se habían distinguido en la guerra, pero que después no encontraron sitio en la sociedad. Al que se ha acostumbrado a vivir a sangre y fuego, luego le cuesta volver a labrar la tierra. Como eran personas que habían adquirido experiencia con las armas, se arrojaron al monte».

Ni Curro, ni Jimémez

Según desvelaba Antonio García Benítez a ABC, aunque la mayor parte de la vida de Curro Jiménez carece de rigor histórico, no sucede lo mismo con sus comienzos.

Al parecer, nuestro protagonista nació como Andrés López Muñoz en Cantillana (Sevilla) allá por el año 1819. «Pertenecía a una familia de larga tradición en el monopolio del servicio público del transporte en barca fluvial (de una orilla a otra del Guadalquivir a su paso por Cantillana)», explicaba el experto. Esta teoría la comparte el autor Antonio Berlanga en su obra «Incursión a lo desconocido»: «Los lugareños contaban con una barcaza para trasladarse a la orilla contraria, cuya labor era realizada por un hombre que tenía un hijo nacido en 1819».

Parece ser que López se dedicó a ayudar a su padre en el trabajo hasta que este falleció. Fue entonces cuando, en palabras del antropólogo, nuestro protagonista le solicitó al alcalde (Don Antonio) continuar con la labor familiar. La respuesta fue una negativa tajante. «El Barquero fue despojado de los derechos de arriendo sobre la misma a favor de otro, injustamente», añadía a ABC el experto. Sus protestas no sirvieron de nada. Lo que sí está claro es que, como señaló Benítez, «su corazón joven se encendió y, lleno de ira, [le] mató, por lo que se vio obligado a huir al monte».

La serie sobre Curro Jiménez ha exetndido una falsa imagen del bandolero
La serie sobre Curro Jiménez ha exetndido una falsa imagen del bandolero-ABC

¿Por qué cometió el error de acabar con la vida del alcalde? A día de hoy es imposible saberlo de forma fehaciente, pero algunos autores como el propio Berlanga creen que todo comenzó por una trifulca entre ambos.

«Las amenazas de Curro no hicieron más que empeorar la situación, él necesitaba trabajar para sacar adelante a su madre, pero cuando pedía trabajo, todas las peticiones del chico recibían un no como respuesta, ya que todos aquellos que podían darle trabajo tenían miedo a una posible represalia por parte de Don Antonio», señala el autor. En sus palabras, tampoco ayudó que López se encaprichase de la misma joven de la que estaba enamorado el hijo del mandatario. Más allá de elucubraciones, la realidad es que nuestro protagonista tuvo que salir por piernas hacia Cazalla de la Sierra, en la Sierra Norte sevillana para darse al pillaje.

Al monte

No tardaron mucho en conocerse las fechorías de López y de su banda por toda la región. De hecho, y tal y como se recoge en el dossier «Bandoleros de leyendas» (de la revista «Leyendas urbanas y otras historias»), el 23 de octubre de 1840 el periódico «El Observador» ya hacía referencia a sus tropelías de la siguiente guisa: «El célebre Andrés López Muñoz (alias El Barquero), natural de Cantillana […] trae a contribución a todas las personas de algún tener de los pueblos de este partido, especialmente del de su naturaleza, donde ha exigido á varios, en distintas sumas, hasta […] unos mil duros, quemando porción de pajares de los propietarios que no han respondido a sus exorbitantes exigencias».

«El Observador» hacía también referencia a otras tantas fechorías cometidas por el mal llamado Curro Jiménez: «En otros pueblos ha cometido semejantes excesos, y en esta semana ha estado dos noches en este y tiene aterrado su vecindario en términos que ninguno se atreve a salir de casa, con especialidad desde las ocho a las doce de la noche, porque llega su audacia al extremo de entrar en las casas para hacer sus exacciones por medio de la amenaza, acompañado de su único compañero llamado Negrete».

Artículo original de ABC sobre Curro Jiménez
Artículo original de ABC sobre Curro Jiménez-ABC

Según parece, por entonces solo contaba con un camarada. Sin embargo, Berlanga señala que a sus filas se sumaron personajes como MochueloMalos PelosGuindilla Zurdo.

En este punto la historia de López se forja a base de leyenda y tradición oral. En palabras de Adell y García, la fama de nuestro protagonista se extendió muy rápido. Y lo mismo sucedió con las tierras que asolaba. «Huyó a Portugal y fue detenido en Barrancosen octubre de 1845», completan los autores. Los mismos expertos señalan en su obra que «no tardó en fugarse del presidio» y que, incluso, «se unió a una partida carlista que se levantó por la Sierra de Cazalla y llano de Extremadura». Datos que no fueron desvelados por el antropólogo en su entrevista a ABC.

Fechorías

Años después, «El clamor público» (un periódico editado entre 1844 y 1864 en Madrid) se hizo eco de las andanzas de García. En un artículo publicado en 1849 (y recogido también en «Bandoleros de leyendas»), explicaba que «los habitantes de las cercanías de Sevilla están en la mayor consternación por los excesos de una cuadrilla de malhechores activos y osados, aunque no numerosos, capitaneados por el célebre forajido Andrés López, hijo del barquero de Cantillana».

Este diario también señalaba que García «se había fugado de presidio», dato que «El Observador» también remarcó en sus artículos, pero al que no hizo referencia García en ABC.

En todo caso, en las páginas de «El clamor público» se desveló que López había asesinado a tres mercaderes de paños «a dos leguas y media de la capital en el mes de abril» y había cometido varios robos en las cercanías. Uno de ellos, a un «rico labrador de Peñaflor, último pueblo de la provincia, a orillas del Guadalquivir, confinante con la de Córdoba; por cuyo rescate dio su angustiada mujer treinta mil reales, que era todo el dinero que tenia».

Representación de un bandolero español
Representación de un bandolero español-PRODUCCIÓN ABC

Finalmente, el diario cargaba frontalmente contra la administración por no detenerle. Un Estado que, según señalaba, contaba con un «extraordinario exceso de empleados en todos los ramos y un ejército tan numeroso» como para que se acometieran «impunemente estos crímenes y hayan de vivir los ciudadanos sin gozar de la quietud y del sosiego que un buen gobierno debiera proporcionarles».

La agria crítica terminaba clamando por la necesidad de seguridad en los caminos que conectaban los pueblos. Vías en las que solían acechar pacientemente los bandoleros hasta que llegaban sus víctimas. «No basta solo que los tribunales administren justicia con inflexible rigor, no es suficiente que impongan severas penas a los delincuentes; menester es que las autoridades se dediquen con incansable afán a evitar los delitos por medios directos e indirectos y se consagren exclusivamente a salvar a las provincias que gobiernan».

Cuando fue entrevistado por ABC, García se mostró de acuerdo con estas fechas. Y es que, aunque en sus palabras «no se conoce con exactitud» el tiempo que López permaneció al margen de la ley, cree que «estuvo entre siete y diez años al margen de la ley» antes de su muerte en 1849.

«En estos años se le imputan varias acciones delictivas, entre las que que destaca la muerte del alcalde de La Algaba», añadía el experto. A su vez, solía asaltar diligencias y todo tipo de carruajes en la carretera que llevaba de Sevilla Huelva. Y todo, desde la cercanía de su hogar. «De Andrés “el Barquero” dice la tradición oral de Cantillana que casi siempre estuvo en su casa o en los alrededores, como Fuente Luenga, y que tenía gran habilidad para escapar cuando lo requerían las circunstancias», completaba el antropólogo.

Cazado

El final de la partida de López comenzó con la creación de la Guardia Civil en 1844, un cuerpo cuya finalidad primera era acabar con el molesto bandolerismo que asolaba los caminos rurales de España.

«La Guardia Civil nació de la necesidad de establecer una fuerza de seguridad en un país que no la tenía de manera funcional. En un país donde el Estado tenía problemas para llegar a todas las regiones, la seguridad estaba encomendada a la Milicia Nacional, que era una fuerza armada de ocasión en manos de los caciques locales. En base a todo ello, se intentó crear una fuerza de seguridad que tuviera solidez institucional, prestigio y respeto; que estuviera al servicio de la nación; que no estuviese sometida a los vaivenes políticos y que fuese profesional», añadía Lorenzo Silva a este diario.

La Guardia Civil, y en particular el teniente Francisco del Castillo, iniciaron una persecución contra la banda de López que terminó el 6 de noviembre de 1849 en circunstancias que, a día de hoy, siguen causando controversia.

La Guardia Civil, el azote de los bandoleros en España
La Guardia Civil, el azote de los bandoleros en España

Una de las versiones más extendidas (y la que corroboran los diarios de la época) es que la Benemérita se enteró, gracias a un chivatazo, de la hacienda en la que se escondía el futuro Curro Jiménez. Decidido, Del Castillo rodeó la casa con sus uniformados. Según parece, los bandoleros salieron entonces de su escondite con sus armas preparadas y dispuestos a plantar batalla.

El resultado es fácil de imaginar: las tropas de la Guardia Civil,mejor pertrechadas, dieron buena cuenta de ellos. No obstante, otras tantas versiones inundan los libros. Algunas, como la que narra que fue tiroteado a traición mientras dormía con una de sus amantes.

Fuente ABC

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